Ramirez: Como rodar un largo independiente
RAMÍREZ
Cómo rodar un largo independiente
Por Pablo Caruana
Para la revista CALLE 20. Publicado en Diciembre 2007
Nos adentramos en un rodaje de un largo independiente. Cómo aunar gestión y creación, los dineros, los actores, las ganas y las limitaciones, y encima hacer un ‘psycho thriller’ con peso de cine social y haciendo lo que te da la gana.
En una quinta perdida de campos toledanos y señorío castellano tenemos el primer contacto. Quinta de duques con jardines románticos insospechados. Allí nos encontramos con todo el equipo, eléctricos, técnicos de sonido, maquillaje, producción, ayudante de dirección y cámara. La película: Ramírez, un proyecto inusitado en la galaxia de subvenciones y politiqueos del cine patrio. Una película independiente dirigida por Albert Arizza, desconocido todavía pero que con su último corto, Energy Hunter, consiguió el premio al mejor corto de ciencia ficción en Houston y en IFCT, fue Prix Ars Electronica y pudo asistir al Festival de Cannes entre otros 50 festivales repartidos por todo el mundo. Llegamos a mitad de rodaje, el equipo guarda silencio, la gente pisa con mesura el suelo engravillado, el director, el cámara y los protagonistas están solos ensayando en la intimidad una escena en uno de los salones de la quinta. Alguien prepara bocadillos para el descanso, el equipo fuma y camina.
Ramírez es un largo que sorprende por su espíritu independiente, cuidada planificación y producción: actores principales desconocidos mezclados con grandes nombres (Geraldine Chaplin, Zoe Berriatúa y Luis Mesonero -actor español que trabajó con Lars Von Trier-), localizaciones inimaginables de conseguir, meses de ensayo con actores, libertad en la manera de rodar…
Primero, la producción. Pero antes de explicar los mimbres de Ramírez, veamos qué es esto de una película independiente. Hablamos con Mónica Goyanes, única productora y capitalista de la película. La encontramos atareada, con esa mirada fija de quien sabe que no existe el agobio, sino las soluciones. «Esto es una película independiente, la estamos rodando en HD, y una vez terminada, su paso al cine costaría alrededor de los 50.000 euros, tienes que tener una distribuidora interesada en el proyecto, pero bueno, eso vendrá después. Ahora, la inversión ha sido de 50.000 euros para sueldos, alquiler de material (que es donde se te va casi todo), permisos y comidas», explica rápida y escuetamente. «Lo normal es que vayas a una tele, se interesen por el proyecto y te den un adelanto; el Ministerio de Cultura,con sus ayudas a nuevos realizadores. Nosotros no tenemos nada de esto. Solo una pequeñísima ayuda de la Junta de Castilla La Mancha», sigue explicando. «Y la última opción, es el asociarte con una productora grande. Eso supone mucho tiempo de negociaciones y la reescritura segura del guión», concluye. «Yo he pedido una línea de crédito sobre mi casa». ¿Y por qué este tirarse a la piscina con todo el aparato? «Yo creo en Albert Arizza, creo que va a ser uno de los grandes directores », afirma con rotundidad Mónica.
«Cierto es que no tenemos mucho tiempo, tenemos que rodar lo que se va a montar. Hemos hecho una media de dos o tres tomas por escena, lo que es muy poco. Pero eso sí, estoy rodando lo que me da la gana», explica el director, Albert Arizza, que, aunque su nombre desoriente, es de Madrid. «Para que funcione tienes que tomar medidas. Tres meses de ensayo con los actores para tener una base sólida a la hora de rodar, ser yo el montador de la película, lo que me facilita mucho la planificación…», explica. Pero ¿qué es lo que te da la gana? «Pues todo; por ejemplo, la reescritura del guión, cortamos textos, lo adaptamos a los imprevistos, por un lado, y a los impulsos que te va dando la escena, por otro. Es decir, me permito improvisar con los actores, con los planos, buscar la puesta en escena natural… La finalidad es buscar la imperfección a través de la perfección. Me lo he jugado todo a una carta, el lenguaje clásico está machado, ya hasta los juegos de la Play tienen una planificación perfecta, previsible para el espectador, es en lo imperfecto donde está la clave y la búsqueda», dice Arizza
Independientes, pero no tontos. España tiende a lo cutre. Y el cine independiente en este país, en muchas ocasiones, parece abocado a una doble ración de cutrez. Por eso, como decíamos, sorprende en Ramírez la buena planificación de todo el proyecto. Y quizá uno de los aciertos sea la elección arriesgada de los protagonistas: dos actores jóvenes desconocidos, pero con un futuro amplio. Ramírez es Cristian Magaloni, actor español de origen mexicano. Cristian ha actuado en un papel pequeño en la película mexicana Amar te duele y acaba de firmar un contrato con la agente por antonomasia de nuestro cine Katrina Bayona, atentos a su cuerpo, su mirada y su aire lacónico y sombrío. En el otro lado, Sara Martín, actriz que proviene del teatro de riesgo y experimentación madrileño y que empieza a hincarle el diente al cine. Ahora, Sara está nada más ni nada menos que en Las 13 rosas, todo un aprendizaje.
En Ramírez, Sara respira más amplio, más cómodo (lean el pequeño diario que nos ha regalado para este artículo). Pero volvamos a Magaloni, él es la columna vertebral de esta película, está en todas las secuencias; él es Ramírez, un asesino en serie. Arizza lo encontró en una muestra de una escuela de interpretación y lo tuvo claro: «Quería tratar el mito de barrio, de un chico duro de clase alta que pasa drogas, que lo tiene todo pero quiere montárselo él, mover el asunto, pero que al mismo tiempo es muy joven, que comete errores, que viene de una familia decadente, de un universo fácil pero donde está solo; es decir, que tuviese un registro romántico. Cuando encontré a Cristian no dudé un instante. Lo único que todavía era muy joven, tenía un registro un poco frágil, por eso lo mandé a entrenarse al más duro gimnasio de boxeo de Madrid, le estuvo entrenando Pablo Huracán Navascués. Yo necesitaba ese look Truffaut que tiene Cristian, pero también tenía que saber lo que es pegarse. Allí pudo estudiar a esos jóvenes que saben lo que es romperse la cara».
Pero ¿quién es ‘Ramírez’? Ramírez surge de una investigación de varios asesinos en serie. «El nombre está cogido de Richard Ramírez (asesino norteamericano de origen hispano, más conocido por el merodeador nocturno, que mató a 14 personas entre 1984 y 1985 en la ciudad de Los Ángeles), en quien me he basado para el físico y en ciertos aspectos de su modus operandi -explica el director-. Por un lado es el retrato de un asesino en serie, pero con más aristas; no hay recreación en la bestialidad, sino que mostramos a un asesino que se transforma, que le atormenta algo y que es víctima de su enfermedad. He querido mostrar su sufrimiento. Y también retratar los problemas de muchos jóvenes, las drogas, el ambiente nocturno. No quería hacer cine de autor ni de ensayo. He buscado un filme donde también haya una mirada social, de clases, y que sea entretenido; he intentado introducir localizaciones del Madrid nocturno que no solemos ver, mostrar cómo se adultera la cocaína, sacar las calles de Madrid, trabajar con cámara en mano… -dice Arizza con tono pausado-. Luego queda montar, moverlo por festivales… ya veremos», concluye Arizza. Futuro incierto, pero con visos de que dentro de un tiempo Ramírez sorprenda y maraville desde las carteleras.
DIARIO DE SARA MARTÍN
27/09/07. Madrid
Tres y cuarto de la tarde en un bar de la calle Barquillo. Es mi primer día de rodaje y estoy como un flan. Me estoy tomando un café enfrente de la casa donde vamos a rodar, intento leer el periódico, pero la cabeza se me va continuamente. Aparecen imágenes de la primera prueba, hace ya casi seis meses, antes de saber que iba a ser María, porque en principio yo era una pastillera de una sola secuencia. La prueba salió muy bien y después vinieron muchas más hasta ser la coprotagonista de esta historia. Y me puse a dar botes cuando colgué el teléfono (¡mi primer prota en una peli!)… y aquí estoy ahora en una casa enorme y luminosa empezando por el final, porque mi primera secuencia es el último encuentro entre Ramírez y yo… cosas del cine. Nada más llegar Mónica (productora) me va presentando al equipo, ellos ya llevan una semana de rodaje, son unos doce (equipo reducidísimo). Aquí todos hacen de todo, Anita (ayudante de dirección) y Vero (maquillaje) me ayudan a elegir el vestuario y nos echamos las primeras risas, luego vendrán muchas más. Cristian y yo nos miramos: «Prevenidos…, sonido, cámara… Vamos allá».
02/10/07. Toledo
Ya más tranquila, en el coche con Cristian, Albert, Hub (foto fija) y Mónica camino de Toledo. Cuando llegamos a la localización ya está allí el equipo, ya huele a café y a bocadillos. Mientras el técnico de sonido hace malabares para disimularme el micro, Mela (foquista) pone marcas por toda la alfombra para indicarme el recorrido, Cristian repasa el texto y yo respiro y miro las paredes, pensando, concentrándome. La jornada ha sido larga, son casi las 16.00 horas y hay hambre; en la mesa casi no hablamos porque producción nos han hecho unos macarrones con su succo que nos saben a gloria bendita. Esto es mucho mejor que contratar un catering.
3/10/07. Toledo
Me despierto con la lluvia golpeando en el cristal. Lluvia significa cambio de planes, y la escena del paseo por el jardín de naranjos no se puede rodar. Y como no hay tiempo ni dinero para volver (otra de las cosas que implica esto de la peli independiente), pues se hace en interiores. Y yo pienso: si no hay jardín, pues a darlo todo; y Cristian y yo nos esforzamos mucho para darle luz a la secuencia; Albert parece satisfecho.
4/10/07. Segovia
4/10/07. Segovia
Ayer me costó dormir de puro subidón, por eso ahora, que son las 7.00 horas y vamos camino de Segovia, estoy medio dormida en el coche. Mónica comenta que vamos a flipar con la localización… y sí, flipamos. Cristian, yo y un equipo aún más reducido estamos en el campanario de la catedral. Aquí no se permiten ni las visitas guiadas, pero Albert ha conseguido que nos dejen rodar. Todos admiramos el espacio en silencio. Aquí, a 200 metros del suelo, Albert nos explica el plano, empezamos a rodar y repetimos y cambiamos el texto, porque algo no rula del todo. Decidimos improvisar para encontrar lo que buscamos. Hace un viento de mil demonios, yo apenas llevo una camisa y me está empezando a costar controlar la mandíbula por el frío. Entre toma y toma me escondo con Vero detrás del reflector o me pongo a subir y bajar escaleras, y pienso «quién me mandará a mí…, si no fuera porque sé que este plano va a ser brutal…».A la vuelta en el coche al atardecer, con la melancolía que a veces se te cuela por la ventanilla, me doy cuenta de que el rodaje se está acabando y me da un poco de pena mezclada con el cansancio y felicidad. Por Sara Martín